viernes, 27 de abril de 2007

Un camino a través del aire


“...La primera ola trajo con sigo a hombres acostumbrados a los espacios, el frío y la soledad; cazadores de lobos y pastores de ganado, flacos, con rostros descarnados con los años, ojos como cabezas de calvos y manos codiciosas y ásperas como guantes viejos...”

Crónicas Marcianas”, Ray Bradbury (fragmento)

“Una nueva tierra...” fue la frase que mas escuche al momento de que se supo que, a unos 15 mil años luz, se encontraba un planeta similar a las condiciones de la tierra, pero mucho más grande, que gira al rededor de la estrella bautizada como Gliese 581, fuera de nuestro sistema solar. Otro dato curioso que escuche fue que la intención de los científicos es, aparte de descubrir nuevos planetas que tengan su orbita al rededor de Gliese 581, es la de buscar indicadores de vida. Me pregunto, esta búsqueda de ambientes aptos para la vida, ¿es solo por el amor al conocimiento? o, ¿la búsqueda de un nuevo hogar? Acúsenme de fatalista, pero este me huele a la búsqueda de un comodín en la baraja de cartas que son el Universo y nuestro planeta, la Tierra. Bien, se que para llegar a esta Segunda Tierra son necesarios muchos avances en la aeronáutica y la ciencia especial, pero imaginemos que ahora, la humanidad ah llegado a un estado de avance suficiente para llegar y colonizar este planeta. ¿Qué pasaría con nuestra raza? Juguemos pues, con las probabilidades: es probable, que al nuevo planeta lo nombren como Terminus (plagiando a Isaac Asimov claro esta); es probable que muchos dejarían la Tierra para buscar una nueva y mejor vida, dejando este gastado planeta, sus viejos problemas y rencillas, para crear una comunidad, sin armas ni violencia, dejando atrás a la gastada y vieja Tierra; es probable que se divida a los colonos en países, no por razones políticas, si no mas bien prácticas (idioma, credo, gusto por el clima, etc); es probable también que las grandes potencias terrestres envíen embajadores a los nuevos países existente en Terminus, solo de diplomacia, como que también hagan la extensión de sus propias naciones (no se debería de extrañar que aparezcan territorios con nombres como La Nueva Bretaña, Estados Federados Putinianos o Los Estados Unidos de Asimov por ejemplo); es probable también, que apenas instalados los humanos, la búsqueda de recursos y materias en Terminus sea la principal tarea de todos, para garantizar la debida sustentación de las nuevas colonias en el verdadero “Nuevo Mundo”; es probable también que, con el paso del tiempo, los recursos comiencen a ser acaparados por seguridad, y la escasez de estos lleve a crear los primero roces entre las nuevas naciones de Terminus; es probable que se comiencen a formar alianzas entre países parecidos para suministrarse mutuamente los recursos del otro, despertando sospechas de las demás naciones; es probable también que aquellas sucursales de las grandes potencias terrestres comiencen a intervenir en los conflictos de las nuevas naciones para sacar provecho, estrujando todo posible la situación; es muy probable también que se descubra (gracias al espionaje obviamente) alguna alianza entre una sucursal y una nueva nación en contra de otros países, lo que llevaría que el conflicto se convirtiera en carácter realmente universal; es probable que comience una guerra universal; es muy probable, dado los recursos disponibles, que las batallas se desarrollen en la Tierra, y posteriormente, en menor escala pero no menos violente, en Terminus; es muy probable que un hombre, tan solo un hombre, se de cuenta que el problema de la convivencia moderna no era el legado de la historia Planeta Tierra sobre la humanidad, si no mas bien que la humanidad, con su naturaleza innata, ha condenado a dos planetas a la destrucción; y es muy probable, que desde Terminus, la destrucción de la Tierra puede ser vista en todo su esplendor...

Aquella noche todos salieron de sus casas y miraron al cielo. Dejaron las cenas, dejaron de lavarse o de vestirse para la función, y salieron a sus porches, ahora no tan nuevos, y observaron al astro verde, la Tierra. [...] Allá estaba la Tierra y allá la guerra próxima, y allá los cientos de miles de madres o abuelas, padres o hermanos, tías o tíos, primas o primos. De pie, en los porches, trataban de creer en la existencia de la Tierra...”

Crónicas Marcianas”, Ray Bradbury (fragmento)

martes, 3 de abril de 2007

Y cuando soplo el viento...


La noche del sábado pasado me paso algo parecido con un viento que se dejo caer: De noche, mientras en Santiago aun quedaba un poco de humedad por la lluvia de aquel día, comenzó a soplar un viento. Hubiera sido un viento como cualquiera, de no haber sido por la intensidad y tibieza de aquel viento, que por las 2 de la mañana seguía azotando la casa. Yo, acostado, miraba por la ventana como se movían los árboles, las ramas... y por un instante recupere mis sueños de niñez, aquel sueño que relata noches de una extraña oscuridad, lo suficientemente negra para no ver más allá de unos metros, pero muy clara cuando uno se acerca a las cosas, como si tuvieran luz propia, pero sin llegar a destellar, como una luz suave y tenue que no llega a molestar. Así me sentía yo, mirando aquel cielo morado, que me permitía ver a lo lejos la sombra de un árbol que se agitaba. Abrí de par en par la ventana y comencé a escuchar el ruido del viento, como me hablaba, me mormuraba directamente al oído, donde escuchaba frases completas, que me llegaban directamente al corazón... "Cierra los ojos" o "Estoy aquí, sigue el rumbo", y al cerrar los ojos, llegue a un bosque de ensueño, con uno viento que también hacía sonar hojas y ramas en una sinfonía coral, pero por mil veces más fuerte y mil veces mas bello... y ahí, escuche verdaderos coros de ángeles, que cantaban bellas melodías de alabanza a un ser magnífico, que mostraba su fuerza con aquel viento, que me estremecía y me acogía a la vez, como la mano de un padre que tiernamente trata a su hijo para hacerlo dormir, recordándome aquellas frías pero alegres noches en Chiloe, donde de noche, bajo miles de estrellas, el viento ya trataba de comunicarse conmigo. Fue en esa noche de sábado, solo, sin luz, con el viento en el rostro y con un poco de agua que refrescaba mis labios, donde creo que eh estado mas cerca de la mano de Dios...