
“eh visto horrores, horrores que tu has visto, pero no tienes derecho a llamarme asesino, tiene derecho a matarme, tienes derecho hacerlo, pero no tienes ningún derecho a juzgarme”.
Walter E. Kurtz, Apocalypse Now.
Morir o vivir, a veces la vida se resume a eso, en dialéctica, la vida o la muerte, se ama o se odia, se quiere o no se quiere. Así de simple a veces. No más, puro y cristalino, sin juicios ni resquemores, solo lo que nos dice el instinto. Imaginemos este juego dialéctico pues en una guerra, donde sobre todo, lo que se hecha de menos es algo de humanidad. Entre balas, bombas, y aviones, la guerra de Vietnam seguía su curso en 1968 como lo venía teniendo hace 10 años: Los B-52 sembraban bombas por la selva vietnamita, mientras el Napalm quemaba hectáreas y hectáreas de los arrozales asiáticos, tratando de atinar a un guerrilla del vietcong cada vez más escurridiza, pero que cada vez causa más baja entre las filas norteamericanas. En los ríos, patrulleras de la marina suben día y noche los deltas cuidando que ningún bote vietnamita llevara armas a la guerrilla, y entre las selva, pelotones y helicópteros rastrean enemigos casi invisibles, que cuando menos se esperan emboscan sus retaguardias. Seguía pues, una nación en guerra, hasta el bendito año de 1968: Después de un atentado con bomba en el centro de Saigon (Capital de Vietnam del Sur), un capitán de la policía sur vietnamita fusila en el acto, con un certero tiro en la cabeza, a un guerrillero del viecong sorprendido actuando en el atentado. Aquella muerte hubiera sido una más en aquella guerra, solo que esta vez había un arma, un arma que los americanos nunca pensaron que les haría perder la guerra: una cámara fotográfica de un periodista también norteamericano. La fotografía tomada en el momentos justo llego a Norteamérica, comenzando una sería de divisiones dentro de la sociedad (otro escándalo fue la matanza de My Lai), que a la larga provocaría la retirada total de tropas americanas en 1973 ante la división de su congreso. Después de que una foto fuera factor del colapso de una de los imperios más fuertes del mundo, cave preguntar si solo fue la guerrilla del vietcong la gran causante de la derrota: ¿No fue acaso, la presión interna lo que hizo que Estados Unidos se retirara de Vietnam? ¿No fue acaso, fotografías como la de 1968, que escandalizo a la opinión pública, que comenzó a pedir a gritos el regreso de los marines?¿No fue su propio juicio quien venció a los norteamericanos? El vietcong, con sus tierras arrasadas por el Napalm, no le quedaba juicio para cuestionar sus actos de guerra, solo lo hacían, y eran capaces de matar a un soldado con esposa e hijos... igual que ellos.
“Y pensé: ¡Dios mió! que genialidad, el genio, la voluntad de hacer eso. Perfecto, genuino, cristalino completo, puro. Y entonces me di cuenta de que ellos eran más fuertes porque lo soportaban. No eran mounstros, eran hombres, cuadros entrenados. Estos hombres que luchan con el corazón, que tiene familia eh hijos que están llenos de amor, han tenido la fuerza, la fuerza de hacer eso [...] Se precisan hombres con moral y que al mismo tiempo sepan utilizar sus instintos primordiales para matar. Sin sentimientos, sin pasión, sin juicio, sin ningún juicio, porque es el juicio el que nos derrumba”
Walter E. Kurtz, Apocalypse Now.


